Hoy 8 de mayo del 2018 Costa Rica
celebra un nuevo traspaso de poderes.
Lejos de alentar los ánimos
partidistas, ideológicos y aún más delicados los religiosos, desde un punto de
vista de ciudadano se encara un reto no de cuatro años sino de nuevas
generaciones.
Lo primero en recalcar es el fin
de un bipartidismo cuyas consecuencias hoy se viven en el entramado de un
sistema de gobierno burocrático, lleno de leyes y privilegios creados con el
propósito de asegurar las ventajas de una clase política corrupta con total
desapego del verdadero credo de trabajar por el pueblo.
Cuando don Luis Guillermo Solís
Rivera en el 2014 una nación le plantó la cara a los partidos políticos
tradicionales en especial a Liberación Nacional. El problema radicó en ese entusiasmo
y creencia que en un gobierno de cuatro años era posible “arreglar” décadas de
corrupción, malas gestiones y robadera pública.
Es poco ético criticar al señor
Solís como mal presidente cuando la realidad la maraña del estado es tal que
convierte al mayor jerarca en un empleado más con algunas dotes llamados
decretos. La envidia politiquera colma el congreso con diputados “estorbo” cuya
única función parece ser es redactar mociones por cada respiro y estornudo de
otros colegas, así proyectos vitales quedan estancados.
Ya es hora de dejar la crítica
destructiva y preguntar más bien qué se puede hacer. Ya varios medios de comunicación,
referentes públicos y de redes sociales hablan en éste sentido.
El reto es dirigido a quienes
solo lanzan piedras a diestra y siniestra al gobierno saliente y entrante. Dicen
sobre la “sodomización” de Costa Rica por simple hecho de ser el PAC en partido
en continuidad en el poder. Estos individuos que no tienen la valentía de hacer
públicas sus quejas en las instancias correspondientes como juzgados u oficinas
gubernamentales, sino que publican en redes sociales, sin el mínimo respaldo informativo
o ético, lo que sus mentes o hígados no
procesan.
El desafío se extiende a cada
persona bajo el cielo tico. Puntualidad en sus labores, cero tolerancia a la
corrupción, educarse para ser crítico. Dejar el “porta mi” enterrado allá donde
salió.
Es hora de ser costarricense, sin
pereza, sin esperar que le arreglen la vida. La patria se construye con el
aporte de la ciudadanía, los servidores públicos y las autoridades, que lejos
de mandar, dirigen la nación a buen puerto, claro está bajo la mirada vigilante
de todos.

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